Nos ha tocado vivir la época en la que el mundo se encuentra más superpoblado y explotado, la fiebre consumista se ha extendido por todos los rincones del planeta. En nuestra civilización es más importante la economía que la sociedad, más importante el mercado que la comunidad.
Vivimos en un mundo en el que las fronteras están perdiendo su valor, las acumulaciones de capital reinan por encima de cualquier colectivo. Las grandes empresas del mundo "desarollado" son igual o más poderosas e influyentes que países del mundo "subdesarrollado".
Los políticos que ostentan el poder en la actualidad protegen este funcionamiento porque ellos también se benefician de la desigualdad, no les importa pisar a sus semejantes con tal de mantener esta situación. Son un obstáculo para conseguir una nueva sociedad.
Un político solo es una persona que se encarga de gestionar nuestros recursos, un ciudadano más que ha sido seleccionado para dirigir una empresa que se llama estado. No se puede entender que aprovechen su posición para beneficiarse y que proclamen leyes que perjudican a la mayoría de las personas y solo benefician a unos pocos que ya son los más privilegiados.
Aunque lo más difícil de entender es que haya personas que les votan.
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