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Un nuevo comienzo es empezar a escalar
sin preocuparte por los tropiezos. Buscar en lo exasperante
una respuesta y una solución, apostar por un
desenlace y esperar uno posterior. Tener coraje para
avanzar por el sendero más oscuro, por todas
las pasadas añoranzas manteniendo el paso seguro.
Guardas celosamente todo lo que te acompaña,
y recurres continuamente a lo que te denigra y amortaja.
Es una conducta áspera, pero conocida y en multiplicidad
de formas, acogedora. Te adentras en el camino que sabes
seguro carece de un bonito final. Te seduce tu propia
complejidad; dejas que sea ella la que dirija con susurros
tu existencia, que enturbie insidiosamente tus sueños.
Concluir un momento con facilidad, aunque
sea un momento extenso y difícil de asimilar.
Solo es un momento. Buscar en tu presente la inmediata
necesidad, darle un nombre e invitarla a dar un paseo.
Observar con sorpresa lo gratificante de tal proposición,
de lo lindo del paisaje y de la tranquilidad que otorga
un paseo en paz con tu primera maldición.
Sanar tantas y tantas heridas. Mirar y
acongojarte día a día con tanto dolor
acumulado. Llorar con amarga tristeza, con el ánimo
de entender y dar lugar a una tardía comprensión;
dar por finalizado un drama y anunciar una próxima
resurrección.
Viajar por tu incerteza, por tu lánguido
canto al dolor. Avanzar con ligereza, apreciar en los
lamentos una antigua melodía que olvida su intención.
Esperar sin desesperar, olvidar que es
lo que esperas, disfrutar de lo que vas encontrando.
Trabajar, mantener tu atención en lo que se encuentre
en tus manos y centrar tu energía en finalizarlo.
Madurar tu empresa, disfrutar del fluir
cotidiano y de los frutos de tu esfuerzo. No existen
las grandes recompensas, los dorados tesoros; crecen,
con cariño, flores delicadas que endulzan el
aire y embelesan con su aroma a esperanza.
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