Alegría, extractos mentales
Alegría. Querer explicar el desprenderse
de toda desidia, y por un momento, engrandecerse más
allá de las falacias y mentiras que determinan
Alegría. Redoble en sentimiento, encuentro en
energía saludablemente compartida, creada y en
esencia destruida, renovada, ensalzada en su nobleza
como una recien nacida. Magia creada en sueños,
repudiado el creer en un intangible percivido; extraño
e inexplicable pertenecer a ser parte de lo irracional
y lo fisico. Codigo no preescrito que sopesa la futileza
de creer en el saber,observando cuanto hay de pretencioso
en valorar tan vanal orgullo y majestad que lamentablemente
dignificamos como potestad.
Y Alegría no solo es un sentir,
y aun menos asegurarte pertenecer; nunca afirmar tu
busqueda como finalizada, momento en que se desmerece
tu credo como natural y determinado como vulgar mortaja.
No es recrearte en lo ficticio, y nunca confirmar tu
añoranza: jamas perseguir mentiras que nunca
se harán realidad. Porque Alegría es un
legado que tantos engaños ubican en leyenda y
necesidad. Nunca quiso ser tal.
Y en deseperación, capitular; y
aunque el acto de fe te retenga, sentir la rendición
que se prolonga pervirtiendo la esperanza anegada en
complacencia. Moldeado tu descreimiento y cimentado
en desengaño, vulnerar la realidad de lo afanosamente
buscado y repetidas veces asumido como hallado. Ahora
es ese momento en que no piensas, al que el recuerdo
no llega; no un lugar en el espacio, ni un tiempo determinado.
Reencontrarte con creencias que magnificadas como propias
se ahogan en, y ahora, difuminadas fronteras.
Irremisiblemente atrapado, abocado a un
oscuro imperceptible que conduce a un inesperado, nos
encontramos inmersos en un infinito deseo, en un suspiro
nacido interminable y como siempre olvidado.
Reconocer la sorpresa solo demuestra lo
inusual que encierra Alegría; la embriaguez que
desconcierta confirma novedad y sutileza, clarificando
la extrañeza de despertarte formando parte de
un sueño. Ser enlazados y dispersos fragmentos,
y ya no creerlo. Diáfanos por un nuevo empezar,
sin estar ya condenados a olvidar quien somos. Regalo
tan magnifico se forma en fraternidad de espíritus
que realmente han conseguido desprenderse de mascaras
que desvirtuan afinidad y belleza, que erróneamente
ignoramos como propias, olvidando la importancia de
lo humano.
Reconocer a Alegria llena el corazón.
Y colmado, aunque solo sea por un segundo nuestro interior,
hace que nuestra verdad aparezca. Y tristemente feliz,
nos embarga la locura de sopesar lo que reconocemos
nunca conseguimos, aunque, ahora, siempre tendremos
una dulce compañia en el camino por finalizar;
porque despertar es recordar que fuimos y somos parte
de Alegría.
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