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Primeras crónicas de Pallasos en Rebeldía desde Palestina

Primera crónica de Pallasos en Rebeldía desde Palestina

De cuando los apellidos son sinónimo de terrorista Después de 12 horas de viaje, parada incluida en Estambul, chistes, muchas risas, ciertos nervios y bastantes preguntas llegamos a Tel Aviv, cansados y llenos de sueño. Aun así no perdíamos la alegría, ya que estábamos cerca de Palestina y pronto empezaría nuestra aventura, pero nos dimos de bruces contra el muro, no el físico que atraviesa Cisjordania ignominiosamente, sinó el muro de la represión sistematizada, la incompresión y el terrorismo de estado.

En el aeropuerto de Ben Gurion, detienen a Laila por su ascendencia palestina. Su apellido hace sospechar a la judía de color que se encuentra metida en esa garita tuneada con la que ya te humillan nada más llegar la Isarel. La llevan aparte cuando se enteran de que su padre nació en Yenin y a nosotros nos dejan marchar, pero Edu y yo decidimos que uno de los dos se quede en la antesala del infierno para no dejar sola a Laila, así que me armo de valentía ignorante y, con mi inglés de Porriño, me voy para arriba de un armario con patas y traje de torturador y pregunto por mi amiga.

Total, que me quitan el pasaporte y me meten en una salita por la que van pasando, como en el bar intergaláctico de "La guerra de las galaxias" todo tipo de especímenes, desde mexicanos de camino a Jerusalén en santa peregrinación hasta árabes con pintas de dedicarse al tráfico de armas y otras especies. Nadie me explica nada pero yo también estoy retenido, no entiendo el idioma del país y no tengo papeles. Ahora comprendo un poco a más los africanos que llegan a nuestras costas.

Laila va entrando y saliendo de varios interrogatorios y de vez en cuando la dejan venirse conmigo, así hasta que en la quinta visita al kafkiano aparato sionista, la obligan a abrir su correo y descubren a lo que realmente venimos, momento en el que nos amenazan con echarnos del país y me obligan a entrar en la sala de interrogatorios.

Yo canso, harto y de mala hostia, decido que si me van a echar por lo menos que sea con clase. Mensajes y llamadas al consulado y a Edu, que está fuera esperándonos con las maletas. A los primeros para pedirles ayuda (cosa que no sirvió para nada) y al segundo para que huya y se esconda (cosa que tampoco funcionó porque él decidió que, si nos echan, solidariamente, regresa con nosotros).

Total, que entro y decido sentarme en una silla que queda vacía, eso sí, está al fondo y en la esquina del cuartucho, cosa que enfada mucho la señora y en un inglés vomitado me grita y me dice que me arrime, a lo que yo le contesto con mi estudiada frase "sorri ai an no espikin inglis". La señora -de mala hostia- responde que no me preocupe, que ella sabe español, pero yo entiendo lo contrario y respondo que "eso yes is a problem", y la señora responde que el problem lo tengo yo y muy big, vamos que Faemino y Cansado estarían felices de copiar estos diálogos.

Luego me manda buscar el billete de vuelta en papel, cosa muy anticuada porque ya hace tiempo que todo esto funciona por Internet. Se lo digo y amenaza con echarme del país. Además se pone a chillar que no tenemos billete, y yo le digo que sí, que está en Internet, y ella diceque no tenemos billete y que nos echa. Después de un rato de ping - pong finalmente me manda a mirar mi correo, así que muevo la pantalla para mí y la paisana la mueve para ella, yo para mí ella para ella, y la quinta vez de este vals de los idotas se enfada tanto que nos echa de la habitación. Hombre, era lo que faltaba, que iba yo a abrir allí delante de esa represora mi correo.

Cinco horas después de nuestra llegada, estábamos libres. Israel es un estado ilegal y además maleducado que no entiende que las personas somos seres vivos y no piezas de una cadena de montaje. Si llegan a saber que yo me apellido Fernández y que, posiblemente, algún antepasado mío le prendió fuego a alguna casa de judíos en el Medievo español, a lo mejor aun seguíamos allí encerrrados.

En la puerta hay un enorme cartel que pone "Welcome a Isarel", y yo pienso que deberían añadir: "Las autoridades isarelís infroman que ser persona en este país perjudica seriamente su estadía en él".


Segunda crónica de Pallasos en Rebeldía desde Palestina

Yenin fue la ciudad más atacada por los israelíes durante la segunda intifada. Fue lugar de dolor y masacre. Los perros de hierro de los judíos no daban abasto echando abajo casas y declaraciones de los derechos humanos.Yenin, durante esos años, se convirtió en la traducción al árabe del infierno: niños llorando desnudos por las calles mentras el tiroteo les hacía la raya al medio.

Metáfora de sufrimiento y esquizofrenia colectiva.

Durante nuestro viaje en el 2003 intentamos ir a actuar allí pero no lo conseguimos. De hecho, la anterior caravana anterior a la nuestra de Payasos Sin Fronteras acabó apedreada polos propios chavales. 6 años más tarde llega mi primer trabajo en estas tierras de dignidad y genocidio.

La gente del circo palestino nos lleva a trabajar en dos centros, uno para mujeres maltratadas, violadas y torturadas. Esta guerra es así. No hay medias partes ni descanso para las máquinas del terror. El otro grupo es de gente joven que lleva un tiempo practicando con ellos artes circenses como manera de escapar a la barbarie.

El día anterior, durante casi una hora me adoctrinan sobre las grandes dificultades para trabajar con estos grupos. Ellas son muy tímidas, no se van a tirar al suelo, no van a saltar no van a correr, ni siquiera se agachan a recoger los malabares cuando caen al suelo. Sin embargo, siempre según la gente del circo, los jóvenes son muy violentos, están muy tensos y pertenecen a familias muy machacadas.

Las mujeres me reciben en la distancia. Van tapadas de la cabeza a los pies aunque por debajo de los trajes llevan zapatos de tacón, el mejor calzado para una sesión de risoterapia. No las puedo tocar ni mirar mucho. Las directoras del centro me retiran a mano de forma cortés para saludarme con una mano en el pecho... Bien, el caso es que ya estoy aquí y que formo parte de una internacional de la risa revolucionaria que cree profundamente que, sin esperanza, los pueblos no podemos conseguir la liberación, así que me lanzo al trabajo sin red de protección ni paracaídas. Que sea lo que Alá quiera.

Iniciamos el taller con maestras mirando sentadas mentras hacen calceta y las mujeres participantes a diez metros de distancia de mí. Acabamos con ellas abrazadas, bailando, saltando llorando y riendo como nunca lo habían hecho en su vida. Al final, incluso las mujeres mismas me venían a saludar y hablar conmigo.

Yo no trabajo la risoterapia sino la humanoterapia, abrirse de arriba a abajo, demostrar el poder del ridículo, desvelar las energías que nos unen y, finalmente, visualizar el potencial que anida en nuestros sueños.

3 horas que, según los organizadores e incluso los reponsables políticos de los programas culturales de Yenin, cambiaron las vidas de estas mujeres. Las palabras que más salieron en este taller fueron libertad y revolución. Así me agradecian la ínica virtud que poseo como dinamizador de grupos, la verdad radical con la que me lanzo en estas experiencias humanas.

Por la tarde y con el subidón de la experiencia nuclear que acabamos de vivir, Por el camino, la gente do circo palestino, que no se lo puede creer, no deja de comentar la experiencia. Están tan agradecidos que sus ojos, cuando hablan conmigo alumbran como faros.

Empezamos el segundo taller con diez chavales. Yo los abordo en las escaleras, me meto con ellos, les hago chistes... Al final acabamos bailando sus danzas tradicionales, sacándonos fotos, abrazándonos comos si fuésemos vecinos de toda la vida. Gente con un dolor terrible pero capaz de acogerme como su hermano.

Mientras nos cambiamos en la parte de atrás de un ultramarinos, comienzan las historias. Uno me habla de su familia maltratada por la ocupación y otro de cómo hace un par de años, mientras jugaba un partido de fútbol, vio como un helicóptero isarelí mataba delante de sus ojos a un chaval que como él apenas pasaba de los 12 años. Su delito era jugar al fútbol y no llamarse Ronaldinno ni Raúl, sino simplemente Mohamed.

Esta guerra contra la vida tiene coordenadas muy claras. Los israelíes se mantienen en Palestina a costa de matar, torturar y humillar a la población civil que tiene como horizonte el Mediterráneo y sus olivos. Mientras tanto, nuestros gobernantes hacen reuniones en las que negocian a cuanto sale el cadáver de niño palestino en el mercado de valores.

Cuando nos marchamos para Ramala, una de las mujeres que nos acompaña me dice con una mirada vidriosa que nunca en su vida había visto reírse de esa manera a esta gente. Será que la rebeldía hace que el amor entre los ser humanos sea tan radical y trasnformador que incluso la ocupación asesina se difumina durante unas horas. Que podríamos hacer si en vez de ejércitos bélicos armásemos guerrillas de la risa activa y comprometida?

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 Febrero 2009