Conviviendo con la dinámica destructiva del capitalismo
Son muchas y variadas las iniciativas
críticas con el sistema capitalista que están en marcha.
Algunas desarrollan tareas de concienciación, otras
plantean alternativas y las hay que son básicamente
de denuncia. Esta web es una aportación más. A todos
nos mueve el deseo común de cambiar el actual modelo
socio-económico basado en el dinero, y para lograrlo
debemos valorar cuales serán las mejores estrategias.
La pedagogía es una de las principales
herramientas que podemos usar para promover el cambio
social, llevando a cabo una tarea explicativa en nuestro
entorno con acciones que visibilicen la dinámica destructiva
del sistema capitalista, recordando los numerosos abusos
que se cometen desde los organismos de poder y las profundas
injusticias estructurales que padece el planeta. En
definitiva, difundir la información y estimular el pensamiento.
Aunque haya sectores de la extrema izquierda
que apuestan por la lucha armada, ésta no parece que
sea la panacea para lograr nuestro propósito. Primero
porque por la fuerza no conseguiremos doblegarles, y
segundo porque la violencia sólo trae más violencia.
El conflicto armado permite visibilizar el conflicto
político, pero comporta inseguridad ciudadana y eso
siempre es usado como pretexto para poner más policía,
aumentar las medidas de control y reforzar el aparato
de represión estatal. Además invita a las autoridades
a recurrir al discurso del miedo y coercionar a la población.
Y no vale la pena soñar con una revolución, las revoluciones
sólo son posibles cuando cuentan con un amplio respaldo
social, y en la actualidad no hay una conciencia generalizada
de que el capitalismo sea malo.
Otro gran debate es qué hacer cuando llegan
las elecciones. La abstención parece la opción más adecuada
en vista de la poca capacidad de los políticos para
dar un giro al sistema y la evidencia de que los grupos
de capital mandan más que ellos, pero, ¿es realmente
la mejor postura? Si bien la abstención puede ejercer
como protesta ante esta democracia tan poco participativa,
no se puede olvidar que hay otras muchas causas que
conducen a la abstención y, por lo tanto, nunca podremos
argumentar que todo aquel que se abstiene esta protestando.
Hay que reconocer que la propia ley electoral la convierte
en un acto inofensivo, ya que el hecho de abstenerse
no tiene ninguna repercusión política. Queda la opción
de votar a grupos pequeños que puedan hacer contrapeso
parlamentario para evitar mayorías absolutas, que son
la cara más autoritaria de la democracia representativa.
Sin perder de vista el enfoque electoral,
debemos destacar el contrasentido de que, si bien la
mayor parte de la sociedad se encuadraría en las clases
media y baja, a la hora de ir a las urnas los partidos
que defienden el modelo de liberalismo económico obtienen
amplio apoyo a pesar de que sus políticas son regresivas
en aspectos sociales, traen precariedad laboral, desigualdad,
etc. Sobre el terreno, son muchas las personas que desean
una sociedad más justa y una mejor distribución de las
riquezas. En principio, haría falta poner en marcha
políticas contrarias a la impunidad empresarial y mejorar
los derechos de los trabajadores y las condiciones laborales.
Sin embargo, esto asustaría a las empresas, que huirían
hacia otros países provocando un rápido aumento del
paro y recesión económica. Posiblemente, a medio plazo
la situación mejoraría a partir de la implantación de
una organización social con tendencia a la autogestión:
pequeñas empresas, cooperativas, etc. Pero, por desgracia,
las personas prefieren tener la "estabilidad" de un
trabajo precario que asumir los riesgos de un cambio
de orden social que pueda ir acompañado de una crisis
económica.
La erosión del sistema capitalista en
la convivencia es ya muy visible. En el mundo actual
han perdido importancia valores como la amistad, la
sinceridad, el amor, etc. El gran dios dinero todo lo
justifica, la gente trabaja jornadas larguísimas, no
tiene tiempo para disfrutar la casa que están pagando,
ni para disfrutar los hijos que están criando, no tienen
tiempo ni para ellos mismos, se convierten en esclavos
del sistema.
Ya sin valores y sin expectativas de poder
librarse de las obligaciones que la sociedad les impone,
el ser humano se siente triste, solo y al borde de la
desesperación. Su vida es pura monotonía, se siente
"nada" y hace lo que los demás esperan que haga. Vive
con la ilusión de estar dotado de la libre elección
cuando en realidad sus deseos le han sido impuestos
desde el exterior. Como su vida no tiene emociones,
acepta como sucedáneo todo aquello que pueda causarle
excitación: televisión, bebida, deportes... A veces
se para a pensar si la vida que lleva le hace realmente
feliz, pero no le da muchas vueltas porque eso supondría
cuestionarse toda su existencia. Así que prefiere seguir
funcionando como un autómata carente de iniciativa.
El gran peligro de esta situación es que
predispone a los individuos a aceptar determinadas ideologías
o líderes mientras le ofrezcan excitación emocional
y una estructura política ordenada, y eso es un terreno
abonado para la entrada de la ultraderecha.
El proceso para derrocar al capitalismo
ha de ir acompañado de una nueva propuesta de orden
social. Antes de eliminar el sistema vigente, por malo
que parezca, tenemos que estar seguros de que tenemos
uno mejor para reemplazarlo, para que no nos pase como
a EE.UU. en Irak. La viabilidad de esta nueva propuesta
será lo que convencerá a las masas para dar el paso
definitivo, pero la complejidad en su elaboración está
impidiendo que el proceso de cambio social se active.
En la propuesta no podremos olvidar que en el nuevo
orden también existirá una disidencia que en algunos
casos actuará contra el sistema con métodos violentos.
Equilibrar seguridad y libertad seguirá siendo uno de
los rompecabezas a resolver. Se debe buscar una fórmula
para que el aumento de libertad no se convierta en “la
ley del más fuerte”.
El instinto de adaptación al medio que
poseemos los seres humanos puede hacernos caer en el
conformismo, que es una posición cómoda y con apariencia
de sensatez. No es bueno abandonarse a la corriente
pesimista, porque podríamos perder de vista la diferencia
entre el bien y el mal. Siempre se debe mantener la
esperanza de que habrán cambios, si los humanos no lo
hubiésemos hecho así quizás hoy estaríamos aun dominados
por monarcas absolutistas o trabajando catorce horas
en fábricas. Diversos cambios de gran importancia han
sido posibles a lo largo de la historia y no hay motivo
para pensar que no puedan haber más.
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