Hollywood continúa monopolizando el mercado cinematográfico
El nombre de Hollywood está inevitablemente ligado al cine, el estilo estadounidense ha conseguido imponer su estándar alrededor del mundo, pero el enfoque marcadamente comercial que dan al séptimo arte está acabando por desvirtuarlo y no en vano se habla ya de una “industria del cine”, reconociendo sin tapujos que sus creaciones contemplan la productividad como prioridad.
Al abrigo de todo esto surgieron los Óscar, unos premios que concede la factoría norteamericana para promocionar aquellos proyectos que mejor responden a su estilo. La mayoría de actores y directores del planeta desean ser reconocidos en estas galas y entrar en el carrusel de ofertas suculentas, y es que pocos son capaces de resistirse al influjo de los dólares.
La mayoría de películas que llegan desde Hollywood son proyectos impulsados por grandes grupos de capital que invierten importantes sumas de dinero en estas películas con la finalidad de amortizar y sacar más beneficios. La idea de la película se selecciona fríamente entre varios proyectos y se hace una gran inversión en marketing y publicidad. En estos casos, los productores cinematográficos se asemejan más a los presidentes de clubes de fútbol que eligen el entrenador y un grupo de buenos jugadores para hacer un equipo: seleccionan actores de renombre que tengan tirón en taquilla y el director más adecuado para realizar la película.
Existen otras propuestas, otros métodos, otras maneras de hacer cine que la publicidad arrincona e invisibiliza. El cine europeo ha lanzado grandes creaciones, al igual que el sudamericano, y el cine hindú continua marginado a pesar de su enorme producción de películas. Es muy difícil competir con las estrategias mercantiles de la industria cinematográfica estadounidense, por eso en cualquier videoclub o en las carteleras de nuestros cines encontramos una avalancha de películas “made in Hollywood” mientras el resto ha de ser buscado con lupa.
Y, afortunadamente, se mantienen esos circuitos de cine independiente que con pocos medios y bajo presupuesto se mueven al margen de la vorágine comercial pero que, no obstante, producen obras de gran calidad. Esas películas destacan por sí solas sin necesidad de trampolines publicitarios gracias a la genialidad, el ingenio y el talento de un determinado actor, director o guionista.
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