Número 18  //  Octubre 2004
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La España singular y profunda

La llegada al poder del PSOE tras las elecciones del 14 de marzo trajo expectativas de cambio y esperanzas de rebajar la tensión territorial que el Partido Popular había elevado a las cotas más altas desde tiempos de Franco. Los socialistas aterrizaban con su discurso de “La España plural”, que tenía de ser la panacea para apaciguar las reivindicaciones secesionistas de las diferentes naciones del estado, y muy especialmente de Catalunya y Euskadi.

No obstante, el discurso solo ha sido desarrollado por algunos de los miembros del PSOE y solo en escenarios muy específicos. Esto comporta un creciente número de contradicciones entre el discurso de la diversidad de un grupo de gobernantes socialistas y el sector que defiende una España unitaria, cuyos máximos exponentes son Rodríguez Ibarra (presidente de Extremadura) y José Bono (ministro de Defensa). Para ellos, el concepto de “España plural” es difícil de aceptar, más bien contemplan una “España singular” y recelan de cualquier concesión a los que defienden identidades y naciones distintas que la española.

Olvidan la trayectoria y la historia de la nación catalana, sus periodos anteriores como reino-estado, y tampoco quieren recordar cómo Catalunya pasó a jurisdicción del estado español y de qué manera se ha introducido la lengua española en Catalunya. Bien al contrario, se alude con vehemencia a una supuesta unidad de todos los territorios del estado, cual destino predeterminado e inexorable.

Debemos recordar que durante siglos, y sin ir más lejos en los años del franquismo, desde Castilla se han lanzado ataques militares y políticos para eliminar la lengua y la identidad catalanas. En cambio, Catalunya no se ha prodigado en el uso de la violencia contra sus vecinos y raramente ha provocado algún tipo de conflicto armado. Sin embargo, se sigue pidiendo a los catalanes moderación, cuando ya han demostrado sobradamente poseer el “seny” que les mantiene alejados de tentaciones belicistas, y la lucha por la autodeterminación de Catalunya ha sido siempre pacífica y democrática. Al acabar el último régimen dictatorial, el estado español redactó una Constitución en la que intervinieron miembros del gobierno golpista, y donde no se reconocía la existencia de Catalunya ni de la lengua catalana. Asimismo, las fuerzas de seguridad encargadas del orden público continúan exhibiendo únicamente la bandera española.

¿Pueden los catalanes sentirse seguros? ¿Cómo pueden tener la certeza de que se han abandonado las intenciones de hacerlos desaparecer cuando el actual marco legal no les protege? La transición quiso pasar página como si no hubiera pasado nada, no se restituyó la dignidad de las víctimas y se pretende que las recientes atrocidades sean olvidadas sin más. Rodríguez Ibarra ha dicho que los nacionalismos solo buscan privilegios y que no son democráticos, y ha puesto en duda que algunas identidades del estado tengan la categoría de nación, cuando hasta la pírrica Constitución de 1978 admite que España es un estado plurinacional.

Y al llegar el 12 de octubre, día de la Hispanidad, es muy fácil para el ministro Bono hablar de concordia desde su posición y experimentar con homenajes al nazismo, pero no se puede exigir a los catalanes que se reconcilien por completo con aquellos que les han intentado eliminar y aun no reconocen su plena existencia.

El grado de aceptación de la diversidad por parte de los habitantes del estado es más bien escaso. Un amplio sector sigue incomodándose ante el uso regular de otras lenguas que no sean el español, y consideran que todo aquel que afirme que no es español, sino que posee otra identidad, debe ser tachado de radical. Para ese sector de españoles, que incluye al Sr. Ibarra y al Sr. Bono, el pasado ha sido muy distinto y, aunque no se den cuenta, los privilegiados son ellos.

Ellos son los grandes afortunados, ya que nadie les ha discutido nunca su condición de españoles, pueden hablar su idioma en cualquier ámbito de la vida sin plantearse si deben hacerlo o no y sin que nadie les pida explicaciones por usarlo, y además no saben lo que es sentirse perseguido por su identidad o lengua.

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