Bolivia: La revuelta se convierte en masacre
"¡Que se vaya el gringo maldito!", "¡Que muera el Gringo!"
La voz del pueblo boliviano está en la calle, como también su sangre. En estos últimos días, el país más pobre de Sudamérica y el más rico en petróleo y gas (han descubierto la bolsa de gas más grande del mundo) ha vivido una rebelión popular frente al genocidio gubernamental. El conflicto viene de lejos: Bolivia, con el presidente escogido "democráticamente", Gonzalo Sánchez de Lozada (que a duras penas sabe hablar castellano, imaginad el quechua), es el país que sufre con más plenitud los males del neoliberalismo. Como en el antiguo colonialismo, los ricos del mundo, y sobre todo los "gringos", chupan el petróleo de la tierra y la sangre de la gente. La diferencia entre ricos y pobres es abismal y todo lo que se hace desde el gobierno contribuye a ampliar este abismo.
La revuelta comenzó hace un mes por el polémico conflicto nacional para extraer el petróleo y el gas boliviano por un puerto chileno, antigua puerta al mar de Bolivia, para llevarlo hasta el "yanqui". Las multinacionales se quedarían para ellas 300 millones de dólares frente a los 40 millones que se quedaría el estado boliviano. El robo está servido. Este conflicto nacional entre dos viejos rivales (en 1879 Chile tomó el único acceso al mar de Bolivia), que indigna a los más conservadores, se suma a la lucha de clases obreras, que exigen que el petróleo se quede y se refine en Bolivia.
A la importancia de la lucha de clases, se une la lucha racial, de identidad. Esto quiere decir la revolución indígena, mayoritariamente campesinos, del pueblo Aymara. Cansados de ser mandados, deciden luchar para gobernarse.
El pueblo boliviano representado por mujeres y hombres, niños y niñas, abuelas y abuelos, todos unidos por el hecho de ser gente humilde y sobre todo pobre, se ha organizado en movilizaciones populares: jubilados, profesores, policías, campesinos, indígenas, trabajadores sin tierra, sindicatos mineros, y todas las mujeres que hacen que el mañana sea posible.
La estrategia que han seguido es aislar a la capital, La Paz, cortando todas las entradas de combustible y alimentos, exigiendo al gobierno que haga lo que dice el pueblo o se vaya. El pueblo habla de un gobierno autista, que sólo se fija en lo que pasa dentro de palacio y la respuesta a sus demandas es la violencia gubernamental, el terror del ejército en la calle con libertad e impunidad para asesinar.
Cuando todo el pueblo se rebela contra su amo, éste decide matar
Entre el jueves 9 y lunes 13 de octubre en el área metropolitana paceña (El Alto y Paz) murieron un total de 52 personas, casi todas por tiros de bala o explosión de balines de goma o de gas lacrimógeno en sus rostros o en la cabeza, durante las protestas sociales de estos días en Bolivia. El jueves 9 murieron dos personas; el sábado 11 dos más; el domingo 12 otras 26 y el lunes 13 en La Paz y El Alto por lo menos 20 personas. Dirigentes sociales y personas afectadas por la masacre en la ciudad de El Alto, clamaron para que un médico forense se presentara para certificar la muerte de por lo menos tres personas, que cayeron muertas en las zonas de Río Seco, Vila Brasil, Pedro Domingo Murillo, Final Los Andes y zonas adyacentes del sector norte de la ciudad del Alto. "Si no viene un médico ahora, los cuerpos de nuestros muertos podan entrar en descomposición". La escalada represiva del gobierno ha dado fuerza al pueblo y de hecho, cada zarpazo de la represión ha sido contestado hasta ahora con un paso más audaz de la movilización, y con el desarrollo de formas de autodefensa. Las provocaciones gubernamentales de los días jueves y viernes significaron un salto en el enfrentamiento. El gobierno forzó con un gran despliegue militar y policial el paso de una "caravana" de autobuses y camiones que venía de Oruro, y también la salida de algunos camiones cisterna desde la Planta de Senkhata para abastecer la ciudad de Paz, casi al borde de la paralización del transporte por falta de gasolina. La brutal represión, dirigida como si se tratara de una expedición militar en territorio enemigo, provocó las primeras bajas fatales e hizo estallar la rabia acumulada.
Rodeados por centenares de efectivos con tanquetas, la caravana avanzó descargando toda su furia contra el pueblo movilizado que resistía con los escasos elementos a su alcance, al margen de las carreteras. A los gases y balas se respondió con una enconada resistencia con piedras, ruedas quemadas, e incluso molotovs y algunos tiros de armas de fuego. Las oficinas de Electropaz y otras fueron asaltadas y quemadas por la multitud. Tras conocerse el asesinato de José Luis Atahuichi, minero de Huanuni, y las otras primeras muertes, el departamento policial zonal de Santiago II fue saqueado totalmente. Sólo quedó el pequeño edificio vacío. Las armas fueron tomadas por el pueblo. La planta de agua potable de Incachaca fue tomada por centenares de campesinos y algunos postes de la luz fueron derrocados. Se extendió la idea de bajar masivamente al centro de la ciudad y sitiar los barrios burgueses de la Zona Sur. El pueblo le disputó palmo a palmo el territorio 'Alteño' a las fuerzas de seguridad que en todo momento actuaron como un ejército de ocupación asediado en territorio enemigo, empleando en la represión tanquetas, munición de guerra, helicópteros y aviones. Una brutal masacre ordenada desde el Gobierno.
Lozada, se mantenía respaldado por estados podridos, el ejército, empresas privadas de Sta. Cruz y el 9% de la población, burgueses y aristócratas (oligarcas) hijos y sobrinos de los genocidas españoles que hace más de 500 años que matan con total impunidad, tal y como ahora está haciendo el genocida Lozada, marioneta del neoliberalismo yanqui. Las amenazas del presidente de "capturar y procesar a todo aquel que se haya pronunciado por la renuncia del presidente" hicieron que el líder de la oposición, Evo Morales, pasase a la clandestinidad y que uno de los líderes indígenas aymaras, Felipe Quisque, declarase que ante el auto-golpe de estado del presidente, los indígenas gobernarían Bolivia.
La Central Obrera Boliviana declaró huelga general. Los movimientos sociales hablaban del principio de una guerra civil que no tiene fronteras para los amos del dinero y tiene tumbas y prisiones para los esclavos de las injusticias. Pero el pueblo boliviano es digno y ya demostró su fuerza al ganar una batalla de la guerra abierta en todo el mundo por el agua. Saben qué es ganar cuando Hugo Banzer anuló la privatización del agua.
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Su sucesor parecía ser peor. Un millonario de la explotación de las minas y personas que libra de impuestos a las empresas y por contra quiere disminuir a la mitad la jubilación de los trabajadores. La represión raya la de Palestina. Un ejército y policía militar que utilizan armas de guerra, metralletas, blindados, helicópteros,... y disparan a matar frente a un pueblo armado con piedras y hondas que luchan por la libertad. Los mineros con dinamita y la policía eran la parte más armada del pueblo, la mayoría del cual, sólo disponía de su vida ante el fuego del estado. La sede del Movimiento Nacionalista Revolucionario y la de Nueva Fuerza Revolucionaria, partido del presidente y partido colaborador, respectivamente, fueron quemadas y apedreado todo el centro financiero de la Paz.
La revuelta que comenzó en El Alto y en la Paz se extendió a todas partes del país debido a las terribles dimensiones que tomaba el conflicto. En estos momentos extremos se pusieron en evidencia la manipulación y mentiras de los medios de comunicación, así como la verdadera función del ejército: matar su propia gente. Pobres luchando contra pobres. Todos pedían la cabeza de Sánchez de Lozada, "el gringo", al que acusan de ahogar con sangre a Bolivia para favorecer el proyecto de exportación de gas a los EEUU. Fue tal la matanza que incluso la federación de periodistas convocó a las movilizaciones en toda Bolivia para parar el genocidio.
Por fin, el viernes 17 de octubre Sánchez de Lozada renuncia a su cargo como presidente y huye a Miami. Se instaura un gobierno provisional que promete un referéndum vinculante sobre la exportación del gas y la convocatoria de elecciones en breve pero, ¿se puede confiar en la palabra del vicepresidente del gobierno que ha provocado más de 70 víctimas mortales entre los manifestantes?
La jugada del Movimiento Nacional Revolucionario: los dos presidentes
La caída del actual ex-Presidente Sánchez de Lozada no ha significado en caso alguno, un cambio en las estructuras de poder. El Martes 21 de octubre, de Lozada anunció que se quedará "un tiempo" en Estados Unidos, pero con la voluntad de volver a Bolivia y seguir en la política. Ha llegado a Washington para pedir a los organismos multilaterales que den su apoyo y ayuden al nuevo gobierno como única alternativa para salvaguardar la "democracia" en el país. Además, el proyecto de referéndum esconde la continuidad de la concesión del gas.
Mesa, el actual presidente en funciones, ha presentado la propuesta de un futuro referéndum en el cual se dará información "real" a la población sobre la concesión del gas. El Presidente prevé que con este referéndum la población se dará cuenta realmente de los beneficios de la exportación de gas y petróleo hacia Estados Unidos vía Chile. A la vez afirma que las protestas se iniciaron por esta propia falta de información por parte de la población y por la explicación manipulada que propagaron grupos que iniciaron la revuelta.
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