|
Felicidades a la etóloga Jane Goodall por haber ganado el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.
Sí, felicidades, no en un sentido práctico, no por los cincuenta mil euros que se embolsa. No creo que fuera ese su objetivo existencial, porque quien empeña la vida entera a una aventura y sólo en la recta final recibe un regalito, éste hace poco más que de guinda... Las guindas de los pasteles lo hacen más bonito pero casi nunca nadie se las come, porque en el fondo son lo de menos.
La paciencia es un contínuum de contención emocional que, pasado cierto umbral, ya únicamente pervive si el fuelle que mueve al acto continúa encendido. Nadie trabaja setenta años en pos de un puñado de euros. Se puede aguardar mucho tiempo la búsqueda de un trofeo, pero entregar la propia longevidad a una causa constata que no hubo paciencia sino pasión.
Felicidades, pues, por esa fidelidad a una vocación que, afortunadamente, encima ha sido útil para la Humanidad entera. Recuérdese que el adjetivo útil no designa sólo a lo que es aprovechado, sino también a lo que es aprovechable. Que el hombre aprenda las lecciones depende del hombre, no de la lección.
Y eso de etóloga... ¿No falta alguna letra ahí? Pues no, lo que falta es conciencia social, política y hasta científica para que disciplinas como la etología suenen un poco más, cuanto menos de nombre. Porque estudiar el comportamiento y los hábitos de las diferentes especies animales, más allá de su vertiente biológica (zoológica) constituye un pilar clave para entendernos a nosotros mismos.
Jane Goodall. Puede sonar a nombre de actriz o chica playboy, pero no, es una científica de campo, y nunca mejor dicho porque conviviendo con chimpancés ha contribuido a romper el mito de que la cultura y la técnica es un don estrictamente humano. También lo hizo, y antes, el catalán Sabater Pi, quien trajo a Copito de Nieve al Zoo de Barcelona, pero eso de premiar a catalanes tal vez quedaba muy provinciano. El nacionalismo español se define primero amándose a sí mismo, después a los otros Estados y por último, no tanto amando como "protegiendo" a sus "indefensas regiones".
En fin, el caso es que ya es triste que a Jane Goodall la conozcan más los chimpancés que los seres humanos, pero se entiende porque esta Jane se ha ganado su confianza sin la ayuda de ningún tarzán. También arroja luz al misterio el hecho de que hasta la mitad de los cultos americanos crean que han salido de Adán y Eva. Bueno, quizá ellos sí, quizá todo radica en que la mitad del mundo nació de la nada y el resto hemos ido evolucionando.
Compadezcamos a los primeros.
|