La noche del pasado 16 de mayo la ciudad marroquí de Casablanca se vio sacudida por cinco atentados simultáneos ejecutados por kamikazes de grupos extremistas islámicos. Los ataques habían sido cuidadosamente premeditados para causar un impacto rotundo: tres kamikazes detonaron las cargas explosivas que portaban en el interior de la Casa de España, mientras que otros kamikazes hacían estallar sendos coches-bomba cerca de un restaurante israelí, del Hotel Safir y del Círculo de la Alianza Israelí.
Se ha puesto en duda que los atentados fueran una respuesta a la intervención armada de EEUU y sus aliados en Irak. El gobierno español ha defendido con vehemencia la no vinculación entre los dos acontecimientos, no obstante, un primer análisis de la acción armada revela datos esclarecedores. Los atentados de Casablanca se realizaron en uno de los pocos países árabes - Marruecos - que apoyó la guerra contra Irak y golpearon lugares emblemáticos de España e Israel, países que también respaldaron la guerra de Irak, es decir, la intervención armada de Occidente en el Islam.
El objetivo final que perseguían los atentados no era la ejecución de decenas de civiles desarmados ni la destrucción de establecimientos extranjeros ni herir el honor de algún país. Lo que realmente se reclama con estos atentados es un cambio en la política de relaciones exteriores por parte de EEUU y en general de todo occidente hacia el Islam. El inacabable conflicto en Palestina, la invasión de Afganistán en 2001 o la invasión de Irak en abril son los ejemplos más claros de abusos contra el mundo musulmán.
Pero más allá de las intervenciones militares, existe un elaborado trabajo de criminalización y persecución de la causa islamista. Se ha creado un retrato de islamista radical capaz de sacrificar su vida para ocasionar terribles desgracias pero no se ha querido profundizar sobre el origen de esa conducta, sobre lo que con ella se pretende ni tampoco sobre si sus peticiones son proporcionadas.
A EE.UU. y sus compañeros europeos no les interesa cambiar la situación actual, el orden mundial reinante les coloca en una posición privilegiada y están dispuestos a volver a hacer uso de la fuerza y la violencia para mantenerlo todo igual. Bajo estas condiciones suena irónica la palabra "paz".
El número de víctimas mortales relacionadas con los atentados de Casablanca se amplió levemente en los siguientes días. Entre ellos se podría incluir a Mul al Sebbat, principal sospechoso de organizar los atentados y detenido pocos días después por las fuerzas de seguridad marroquíes, las cuales anunciaron el 28 de mayo su muerte durante un traslado policial.
En relación a este tema, la Asociación Marroquí de DDHH solicita una nueva autopsia del cuerpo del presunto cerebro de los atentados. La Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH, independiente) reclamó ayer sábado una contra-autopsia del sospechoso presentado por las autoridades como el "principal coordinador" de los kamikazes que perpetraron los atentados del 16 de mayo en Casablanca, con un saldo de 43 muertos, tres de ellos españoles. El procurador de Casablanca anunció el pasado miércoles la muerte de Abdelhak, conocido como Mul al Sebbat , indicando que había sido arrestado dos días antes en Fez (centro del país) y que falleció durante su traslado a un hospital de Casablanca. Una autopsia concluyó, según las autoridades, que el sospechoso falleció de "muerte natural", por problemas de corazón e hígado. Según un comunicado de la AMDH, la familia de Abdelhak Bentassir asegura que éste último, de 30 años, fue detenido el 21 de mayo y no el 26 y que gozaba de "buena salud". La AMDH "teme que la víctima murió bajo tortura" y reclama una "investigación urgente" sobre las circunstancias de su fallecimiento.
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