Número 9  // Abril 2003
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Boletín de noticias destinado a
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Un barco a la deriva

El ataque contra Irak ha abierto un nuevo frente en las calles de los pueblos y ciudades de Occidente: el frente ciudadano. El "no a la guerra" ha conseguido levantar a la sociedad civil, harta de los desplantes de un gobierno que no le tiene en cuenta y de un mundo en que la injusticia es moneda de cambio habitual. Si antes narcotizada y adormilada, ahora la sociedad se moviliza y alza la voz para expresar su rechazo e intentar detener, con su fuerza, la maquinaria de la guerra y las aspiraciones de quienes la manejan.

Sin embargo, la fuerza del pueblo se encuentra muy desvalorizada en la dinámica actual, en que el dinero manda por encima de la razón, y los logros que puedan conseguirse por la vía de la movilización ciudadana serán mínimos. Que la voz del pueblo no va a detener una guerra está más que claro. Es por ello que ahora, una vez movilizados, debemos plantearnos hacia donde va este movimiento de protesta y cuáles son las aspiraciones que lo sustentan. Ahí está la rabia, antes latente y ahora presente. Pero, ¿cómo y hacia dónde la queremos canalizar?

Tal y como está planteada, la lucha actual no lleva a ninguna parte. Es un barco que viaja sin rumbo ni puerto alguno. Es verdad que somos muchos los que nos hemos levantado de la silla para gritar "no a la guerra" y para expresar nuestro rechazo a una forma de gobierno egoísta e irresponsable, pero lo cierto es que no todos estamos unidos entorno a una misma lucha. La postura mayoritaria, convertida en hegemónica e indiscutible, es la pacifista, la que grita contra la guerra de Irak y el gobierno del Partido Popular como si éstos fueran los dos únicos grandes males del mundo. La lucha de esta mayoría no viene secundada por una voluntad de cambio sino más bien por la tácita aceptación del feroz lobo capitalista bajo el disfraz de cordero de la paz. Una falsa paz.

El problema no es la guerra de Irak ni siquiera la prepotencia de Aznar. Sí es verdad que ambos son hechos que provocarían indignación hasta en la más sosegada de las personas. Sí es verdad que gobernar a espaldas del pueblo es inadmisible. También es verdad que la masacre de civiles en Oriente no tiene justificación de tipo alguno. Pero el mal no es ése. Irak, la política norteamericana, Aznar,... tan sólo son síntomas del mal que verdaderamente late detrás de todo esto: el sistema capitalista en fase de avanzada depredación de la especie humana. Un sistema que necesita de las guerras para subsistir, así como también necesita de la injusticia y la muerte. Un gran casino en el que siempre gana la banca.

Es por eso que no podemos conformarnos con una pataleta contra el gobierno ni quedarnos con el "no a la guerra" anecdótico de Irak. Esta actitud, que es necesaria y muy esperanzadora, resulta insuficiente para abarcar una realidad muchísimo más dura y compleja. No podemos limitarnos a protestar contra la guerra ya que no se le puede pedir al capitalismo que no haya guerras. Sería como pedirle a Aznar que votase al Partido Comunista. Es incompatible. Ilógico. Un sintax error. La lucha está empezando a ser amplia y a organizarse cada vez más efectivamente. Pero es una lucha equivocada que, de no ser reconducida al fondo de la cuestión, morirá de inanición en cualquier momento por falta de motivación o bien será aprovechada por el poder político y el capital en su propio beneficio.

En las calles se clama paz. Pero, ¿cuál es esa paz por la que se grita, se canta y se encienden velas? Es una paz de mentira. Es la paz burguesa, hija de un ideario que no pretende cambiar nada sino simplemente aparentar rebeldía. La misma rebeldía que hoy venden Nike y Coca-Cola. Un puñado de gente perfectamente cívica y políticamente correcta transcurre por las calles implorando paz pero no busca transformar nada. Se limitan a llevar a cabo acciones de protesta más bien simbólicas que sirven para lavados de conciencia casi eficaces. Buscan sólo tres letras que les adormilen de nuevo: paz. Pero no se trata de eso. ¿Acaso parar esta guerra y volver a la situación del día antes de iniciarse el ataque de EEUU sobre Bagdad sería una victoria? Definitivamente no. La paz no consiste sólo en la ausencia de guerra que, por otro lado, tampoco se haría efectiva de acabar el ataque sobre Irak ya que los conflictos que manchan de sangre la tierra suman casi medio centenar. Son muchas las cosas que hacen que "paz" sea un monosílabo precioso pero imposible de aplicar en una realidad capitalista, desigual, injusta y ensangrentada.

En tales condiciones, el "no a la guerra" de estos días es un importante impulso que sin embargo viaja en la dirección equivocada. Se ha convertido en una moda, provocando el seguidismo de gran parte de la masa social que hoy siente que le toca manifestación. Todos están tan bien programados que apenas existe el riesgo de que las protestas se salgan de lo previsto y deseado. Ni siquiera hace falta policía: los propios pacifistas, creyéndose en posesión de la verdad, se encargan de soterrar cualquier otro tipo de discurso así como de desprestigiar y criminalizar cualquier mecanismo de protesta que no sea el suyo.

Su forma de lucha y el fin que les mueve han monopolizado el escenario social de la lucha y es, aparentemente, la única vía posible. Pero hay más líneas de pensamiento que se alejan del posibilismo y las ideas de paz burguesa. Hay quien ve frentes de guerra en cada esquina, tras cada rincón. Hay quien es consciente de que la guerra es permanente, vive con nosotros, se acuesta en nuestras camas. Hay quien sabe que el discurso de la paz no es real y lucha por una profunda transformación de la realidad, por un mañana nuevo. Y no somos pocos.

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