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Hay un barrio en pleno corazón de Barcelona
donde los avisos de los contenedores figuran en cuatro lenguas:
castellano, catalán y dos modalidades de árabe. La inmigración
en el Raval es algo más que una teoría sobre el papel, una
noticia cargada de humanismo o el tema de un debate entre
intelectuales. El barrio constituye todo un cruce de caminos
entre razas y culturas diversas. Pura realidad. La iniciativa
del Casal dels Infants del Raval es loable: un centro de apoyo
social para jóvenes y niños del barrio que trabaja por la
igualdad de oportunidades en un lugar en que las oportunidades
son aún pocas y los problemas muchos.
El Casal dels Infants es una asociación no adscrita
a entidades políticas ni ideológicas, financiada por capital
público y privado al 50%. Desde su creación, en 1983, se dedica
a la atención de niños y jóvenes del Raval, con la pretensión
de romper las barreras de la exclusión y abrirles camino en
la sociedad. Tratan de reducir, en la medida de lo posible,
las causas de la desigualdad, en pro de equiparar a los niños
que atienden con el nivel general de la sociedad en la que
tendrán que moverse. La afluencia de inmigrantes, que al principio
eran muy pocos y todos marroquíes, ha crecido de forma espectacular
en los últimos años hasta situar al centro en primera línea
del fenómeno migratorio. Hoy, más de la mitad de sus niños
son de procedencia extracomunitaria.
La mayoría de los jóvenes que atiende el Casal
dels Infants del Raval provienen de familias desestructuradas,
de bajo nivel económico y con graves carencias afectivas.
Sus iniciativas van encaminadas a la educación de los niños
después del horario escolar, la inserción laboral de los jóvenes
y la atención de los niños de la calle, así como actividades
de ocio para todos ellos. Para Enric Canet, portavoz del Casal,
la causa de la exclusión es económica y no cultural. Así,
la integración de una persona sólo podrá darse mediante el
trabajo y la consiguiente autosuficiencia económica.
Desde el Casal, que experimenta la convivencia
diaria entre culturas, la inmigración y el mestizaje se perciben
como algo natural. "Hay que dejarse de ser provincianos y
entender que el mundo ya es así", asegura Canet. Para él,
la realidad del Casal tendría que servir como "banco de pruebas"
de la convivencia multicultural. Muchas de sus actividades
tocan el tema de la diversidad étnica, de modo que cada uno
de los niños pueda aportar el legado de su historia y su cultura.
La diversidad es, para ellos, una realidad aplastante que
ya gobierna nuestro entramado social. Aunque aún es pronto
para saber si la labor del Casal dels Infants surte el resultado
esperado, la garantía del trabajo riguroso que realiza es
aval suficiente de su lucha por la convivencia.
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