Número 7  //  Diciembre 2002
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El sentido de la Navidad en el tercer milenio

Un año más, la Navidad ha llegado llenando de luces de colores y dulces melodías los grises días de invierno. Según cuenta la tradición, la Navidad es una celebración de origen religioso, llena de conmemoraciones y en la cual se nos recuerda que debemos llenar nuestro espíritu de buenas intenciones para con los que nos rodean y sentimientos positivos para afrontar el día a día con el mejor ánimo posible.

El significado de la Navidad se ha ido distorsionando con el paso del tiempo, de manera que en la actualidad pocas personas relacionan la Navidad con el nacimiento de Cristo y demás efemérides, y sí en cambio con las reuniones familiares y festividades diversas. Asimismo, estas fechas tienen un indiscutible significado comercial y son un excelente reclamo para tiendas y grandes superficies, de manera que los adornos navideños aparecen desde primeros días de diciembre para recordarnos que debemos comprar los correspondientes regalos.

En los últimos años, y tal vez a causa del efecto de la discutida globalización, estamos incorporando a estas fechas nuevas costumbres como entregar regalos la noche del 24 de diciembre (Santa Claus) o nuevos postres navideños originarios de otros países. Al mismo tiempo, todos los rituales de corte religioso (Misa del Gallo, etc.) van quedando en desuso, de modo que cada vez tienen más importancia las incitaciones al consumo y menos importancia las alusiones al bienestar espiritual.

La Navidad es también una época propicia para mostrar cariño hacia las personas con las que convivimos, para reencuentros y para salir un poco de la rutina. No obstante hay muchas personas que se sienten obligadas a asistir a reuniones familiares de conveniencia y especialmente a hacer regalos de forma sistemática.

A pesar de lo necesario que es añadir un toque de afecto a nuestras existencias, en muchas ocasiones podríamos preguntarnos acerca de la poca espontaneidad de estos actos. Y es que de alguna manera la Navidad se ha convertido en un periodo para purgar el egoísmo y el individualismo que mostramos en nuestra vida diaria. La generosidad excepcional que se practica en esas fechas, las muestras de amor, el contacto con personas de las que hace mucho que perdimos la pista, todo ello forma parte del ritual expiatorio. Llegado el mes de enero, todos volveremos a poner una mueca de seriedad y formalismo en nuestro rostro.

Sería mucho mejor para todos si nuestro comportamiento no fuese tan diferente en Navidad respecto al resto del año, si la preocupación por mantener fuertes los lazos familiares y los vínculos con nuestras amistades se mantuviese, si la generosidad apareciera con más frecuencia en nuestras relaciones personales. No es necesario reservar nuestro lado espiritual para este corto periodo, deberíamos utilizarlo más.

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