Número 7  //  Diciembre 2002
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La inmigración en un pozo sin fondo

La llegada de inmigrantes al estado español ha experimentado un fuerte aumento en los últimos dos años. Hace solo una década, la presencia de extranjeros era escasa y resultaba un fenómeno casi pintoresco, en cambio, hoy en día es difícil salir a la calle y no cruzarse con personas de diferentes razas.

Este cambio en las estructuras de nuestra sociedad ha revelado una falta de sensibilidad en la población española hacia estos nuevos grupos sociales. El poso dejado por los casi cuarenta años de dictadura ha impulsado una reacción general de rechazo a los nuevos ciudadanos, que son tratados con desconfianza.

La legislatura actual, con mayoría absoluta de un partido conservador, ha trazado un complicado camino para todo extranjero que pretende quedarse en el estado español. Conocida es la Ley de Extranjería que el Partido Popular promulgó en 2000 y que en su momento generó notable controversia. Durante todo el año 2002 se ha mantenido cerrado el régimen general para la regularización de inmigrantes, y en la actualidad no se admiten nuevas solicitudes ni siquiera mediante una oferta de trabajo, tan solo se contemplan casos excepcionales.

Tal vez la situación más incompresible y vergonzosa la sufren las personas pertenecientes a otros estados de la Unión Europea, puesto que no gozan de privilegios que agilicen apropiadamente su regularización. En la práctica, y a pesar de que las normativas europeas garantizan la libre circulación de trabajadores entre los estados miembros, un ciudadano comunitario debe esperar por un plazo de dos meses para obtener su permiso de trabajo y residencia. En otros estados es suficiente una mañana para tramitar semejante documento.

Las trabas legales para la entrada de inmigrantes extracomunitarios son numerosas, no obstante, ellos continúan llegando al estado español y, una vez aquí, intentan trabajar. Por un lado se ven expuestos a la explotación y precariedad laboral, por otro lado crean un desequilibrio del sistema económico capitalista debido a dos razones:

1. Los que consiguen un empleo se ven forzados a trabajar sin contrato, en consecuencia no pagan impuestos ni cotizan a la Seguridad Social, lo cual perjudica al trabajador y a la administración pública, y solo beneficia al empresario.

2. Los que no consiguen trabajo se quedan rápidamente sin recursos para subsistir y, debido a su situación de riesgo, los servicios sociales deben hacerse cargo de ellos y por consiguiente el estado acaba pagando su manutención con nuestros impuestos. Asimismo, existe el peligro de que se vean abocados a la delincuencia.

Nos quieren hacer creer que los inmigrantes vienen a restar empleo, cuando la presencia de más trabajadores y consumidores no hace otra cosa que estimular la actividad económica y generar más empleo. He aquí otro ejemplo de las contradicciones del sistema, el resultado es el auge de la economía sumergida y la formación de bolsas de precariedad y pobreza, mientras que si todas estas personas pudiesen trabajar legalmente contribuirían al enriquecimiento de las arcas del gobierno.

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