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Gibraltar: Arrebatos democráticos
en un mundo bajo control
Los gobiernos de España y Reino Unido iniciaron
hace algún tiempo las negociaciones para resolver la cuestión
de Gibraltar. La situación política en el peñón es singular
ya que la presencia de una colonia representa una auténtica
paradoja en una Europa sin fronteras. El punto más complicado
es la extensión que tendría la hipotética soberanía compartida.
Londres propone que sea indefinida mientras Madrid insiste
en fijar un periodo de 20 años tras el cual la Roca pasaría
a manos españolas.
Ante esta posibilidad, los principales afectados
por la propuesta decidieron expresar lo que pensaban. El municipio
de Gibraltar, preocupado al ver como jugaban con su futuro,
autorganizó un referéndum y aseveró con rotundidad su conformidad
con pertenecer al Reino Unido. En la consulta del 7 de noviembre
de 2002, unas 18.000 personas emitieron su veredicto. "¿Aprueba
usted el principio de que Gran Bretaña y España deban compartir
la soberanía sobre Gibraltar?" era la pregunta que debían
responder. La respuesta fue casi unánime, ni en el peor de
sus sueños contemplan los llanitos esa posibilidad.
El 99% de los gibraltareños rechaza la soberanía
compartida. Un 87,92% de los 20.675 habitantes censados, participaron
en el referéndum. Por lo tanto, sólo 187 gibraltareños apoyan
la iniciativa de Blair y Aznar. Caruana, ministro principal
de Gibraltar, considera que la victoria del 'no' a la cosoberanía
es un "triunfo para la democracia". Tras conocerse los resultados
definitivos, Caruana señaló que la consulta popular es también
un "triunfo para la libre expresión y la voluntad de un pueblo".
A pesar de la determinación de los gibraltareños,
los ministros de España y Reino Unido no se dieron por aludidos
por la voluntad popular, recalcaron que el acontecimiento
no influiría en el curso de las negociaciones y pusieron en
duda la validez del referéndum incluso antes de que se realizara.
No obstante, la consulta popular fue abierta y espontánea
como las que más.
Saltan a la vista, una vez más, las fisuras
de este sistema, supuestamente democrático, en el que no dejan
de observarse unas jerarquías muy claras. La clase política
actúa y decide según sus intereses mientras las demandas de
la población son otras muy diferentes. Algo no funciona. Los
políticos ignoran las peticiones espontáneas de los ciudadanos,
y además lo hacen públicamente y sin miramientos, ¿nos estamos
habituando a que nos manejen como si fueran nuestros amos?
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