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Una nueva reunión de altos mandatarios ha venido
a amenizar nuestras sobremesas, aportándonos temas de actualidad
que quedan de lo más lucidos en cualquier conversación. Palabras
y más palabras se vierten entorno a una de las cuestiones
más fundamentales de nuestros tiempos: ¿hacia dónde va el
mundo? De todos es sabido que el ritmo actual de producción
y comercialización está provocando graves desequilibrios entre
el primer y el tercer mundo así como consecuencias nefastas
sobre el estado de salud del planeta. Nosotros, que nada podemos
hacer para virar de rumbo, hablamos animadamente sobre estos
y otros problemas. Pero, ¿qué hacen quienes sí pueden dar
el giro de timón?
La cumbre de la Tierra, una reunión organizada
por las Naciones Unidas en Johannesburgo, viene a ser un ejemplo
más de cómo las palabras y los buenos propósitos tienden a
ocupar el lugar de las iniciativas. Charlas tras las cuales
no llegan las soluciones y, que si bien sirven para poner
de manifiesto determinadas situaciones y denunciarlas públicamente,
no logran remedio alguno a los males que asolan el planeta.
Presidentes, economistas y dirigentes varios de entidades
y asociaciones diversas hablan de la pobreza mundial, la necesidad
de encontrar soluciones no agresivas para el ecosistema y
la urgencia de aplicar nuevos métodos comerciales en las zonas
más castigadas del globo. ¿Y luego? Ellos vuelven a sus casas,
nosotros apagamos el televisor y la realidad se desdibuja.
Pero los problemas siguen existiendo allí donde la miseria
y las dificultades son algo más que palabrería.
Las fuentes de energía y el acceso al agua potable
han sido dos de los temas tratados en la cumbre de la Tierra,
cuyo telón de fondo ha sido en todo momento la propuesta del
desarrollo sostenible. Los propósitos mencionados se refieren
al uso de energías renovables que hagan más posible la coexistencia
del desarrollo industrial con el respeto al medio ambiente,
y a lograr reducir a la mitad los 2.000 millones de personas
que actualmente no tienen agua potable, para lo cual haría
falta una renovación de las infraestructuras sanitarias en
varios puntos del planeta. En ambos casos, la postura de EEUU
ha sido contraria a asumir compromisos concretos y ningún
otro país ha planteado planes de acción inmediatos, de manera
que las buenas intenciones del desarrollo sostenible y el
acceso al agua han acabado por quedar en el aire, entre las
sonrisas de los asistentes al acto y los aplausos ilusionados
de quienes tal vez creyeron en la posibilidad de cambiar el
mundo.
El encuentro de Johannesburgo también ha puesto
de manifiesto la importancia de la agricultura para los países
menos favorecidos, cuyas economías dependen mayoritariamente
de esta actividad, y cómo las reglas del comercio internacional
suponen un obstáculo para su desarrollo. Actualmente, los
países ricos practican políticas proteccionistas en el sector
agrícola, incrementando las subvenciones a sus agricultores
y poniendo barreras comerciales para la entrada de productos
extranjeros en su territorio. Esta postura hipócrita, de países
que se llenan la boca hablando del libre comercio y luego
se cierran en banda en aquel sector en que el tercer mundo
podría verse favorecido, impidiendo una circulación real de
las mercancías, perjudica directamente a las economías más
débiles del planeta. Un ejemplo más de cómo las buenas voluntades
no llegan a materializarse, principalmente, por una simple
cuestión de falta de interés.
En definitiva, palabras y más palabras que volarán
al primer golpe de viento, viajarán por el aire en forma de
promesas y quién sabe si un día han de volver a nosotros para
estallarnos en la cara como un reproche. Una vez más, toda
esa verborrea quedará en la misma milonga a la que se pueden
acabar reduciendo todas las reuniones que tocan la problemática
Norte-Sur. Y así, ni la cumbre ni la Tierra: sólo palabrería
que se convierte en la triste cantinela de una sobremesa,
en boca de cualquier moderno defensor de la justicia y los
derechos de la humanidad. Y la realidad, siempre más rápida
que los discursos, devora minuto a minuto a quienes ésta y
otras cumbres internacionales hicieron ver que podrían salvar.
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