Argentina: Los hijos de la generación
de los 70 recogen el testigo de la lucha
En 1983 en las imponentes manifestaciones contra
la agonizante dictadura argentina uno de los cantos-consignas
mas coreados decía: "milicos hijos de puta / qué es lo que
han hecho con los desaparecidos / la deuda externa, la corrupción
/ son la peor mierda que ha parido la nación / qué pasó con
las Malvinas / que esos chicos ya no están / no tenemos que
olvidarnos / y por eso hay que luchar..."/ Los millones de
personas que participaron de aquel formidable movimiento tenían
un profundo convencimiento de que estaban luchando para cambiar
su país y convertirlo en una sociedad vivible. El NUNCA MÁS
pronunciado por Emilio Strassera, fiscal del juicio a las
Juntas Militares resumía bastante bien aquel sentimiento contra
la dictadura y todas sus bestialidades.
Diecinueve años después la sociedad argentina
atraviesa la peor crisis desde su existencia como nación,
y aquel nunca más se ha transformado en un desgarrador QUE
SE VAYAN TODOS... Dos décadas después, y tras muchos sacrificios
impuestos a la clase trabajadora con la excusa de sacar el
país adelante e insertarlo en el primer mundo, la inmensa
mayoría de la población siente que la Argentina se ha convertido
en un infierno del que muchos tratan de escapar y los que
se quedan no tienen más remedio que sufrir hasta vencer las
causas que lo provocaron. Todos hemos visto por televisión
conmovedoras imágenes y documentales sobre la situación argentina
capaces de calar en la conciencia mas insensible. Pero poco
o nada se explica de cómo se ha llegado a esta situación.
Una situación que todavía promete ir a peor. Los datos económicos
son tantos y tan escandalosos que a la hora de explicar la
situación argentina se corre el peligro de tejer un laberinto
de cifras que al final dificulten la comprensión del proceso
social en el corto espacio que se dispone en un artículo.
Pero la cruel paradoja argentina es que mientras al día de
hoy sigue produciendo 70 millones de toneladas de grano, suficiente
para alimentar a todo América Latina, la mitad de la población
está por debajo de la línea de pobreza y 7 de cada 10 niños
pasan un hambre severa, de la que muchos no saldrán con vida.
El 19 de diciembre del año pasado estalló la
situación tomando por sorpresa al gobierno y a toda la mal
llamada clase política. Como tantas veces en la historia,
la situación reventaba con causas más que justificadas pero
sin una dirección que hubiese preparado los pasos de una lucha
que era inevitable librar. Más bien todo lo contrario. Los
dirigentes políticos y sindicales que entonces (y aún hoy)
controlan las organizaciones mayoritarias de la clase trabajadora
se comportaban como si la posibilidad de un estallido fuese
la mas remota. Más de tres años de brutal retroceso económico
habían preparado las bases para la nueva situación. La falta
de cauce para las luchas reivindicativas en el interior de
las organizaciones sindicales de los trabajadores que iban
quedando en el paro en todo el país fueron dando lugar a nuevas
organizaciones al margen de ellas a las que no se les prestaba
ni atención ni ayuda. La insensibilidad de la mayor parte
de la dirección del movimiento obrero fue el mayor combustible
para el surgimiento de los piqueteros, verdaderos protagonistas
en esta fase de las luchas del movimiento obrero argentino.
Verdadera amalgama de dirigentes y obreros expulsados de los
centros de trabajo, militantes sociales, jóvenes, con diferentes
formaciones ideológicas, pero todos conscientes de que las
cosas no pueden seguir así, han dado lugar a este movimiento
que en poco tiempo se ha hecho conocido en todo el mundo,
no sin haber pagado ya un alto precio en represión y muertes.
NO ES UNA CRISIS MÁS
Lo que hoy se desarrolla en la Argentina no
es una crisis más de esas que a fuerza de informativos en
la televisión nos hacen ver como algo "normal" en estos países
mal gobernados. Toda la sociedad está inmersa en un proceso
en el que debate sus causas y sus salidas. Pero este no es
un debate académico, es un debate a vida o muerte en el que
cada día hay víctimas del hambre, de la violencia estatal
o paraestatal, o de la violencia sin más que surge como reacción
en sectores pobres que ante el dolor físico y psíquico que
causa el hambre no se detienen en consideraciones morales.
En la Argentina dicen que se ha puesto de "moda"
el secuestro exprés, tipo de secuestro rápido en el que el
rescate puede ser unos pocos pesos y donde no pocas veces
el secuestrado puede perder la vida. Todo el mundo sabe que
la mayor organización del crimen anida entre los policías
y parapoliciales, pero el gobierno lejos de abordar soluciones
de fondo, con investigaciones y depuraciones del cuerpo, con
juicios rápidos y condenas, avanza por soluciones mas represivas
aún donde el principal objetivo serán los ladronzuelos de
poca monta. Claro que la miseria con su consecuente delincuencia
ha convertido las calles en un lugar muy inseguro. Los robos
y los asaltos han crecido a la par que los índices de pobreza.
Pero este tipo de delincuencia ha sido detonada por la verdadera
delincuencia y latrocinio ejercidos con total monopolio desde
el poder. No deja de ser un lamentable reflejo de la situación
que cualquier cosa susceptible de ser reducida y canjeada
por unos pesos sea objeto de robo. Los porteros eléctricos
de los edificios, los semáforos, los tiradores de las puertas,
las placas de los cementerios... todo puede servir para evitar
el hambre de un día. Pero la solución a esto nunca será la
construcción de más cárceles y el endurecimiento de las leyes.
Eso sólo traerá más violencia. La solución sólo puede venir
de la mano de la apertura de más fábricas y el combate a muerte
contra la pobreza. Pero en este terreno hace años que todos
los gobernantes vienen fracasando en la Argentina.
No se puede entrar en la descripción de todos
detalles cotidianos de cómo la crisis ha destruido la que
un día fue la sociedad más avanzada de América Latina, eso
sólo puede tratarse en un trabajo más amplio. Pero lo poco
que podemos enunciar aquí es suficiente para darse buena cuenta
del proceso de descomposición social creciente. Hace pocos
días charlando con una amiga argentina nos parecía estar viviendo
una pesadilla imposible de suceder. Y sin embargo nos relataba
cosas de la vida cotidiana que harían saltar las alarmas de
cualquier sociedad. "En los barrios hoy es más fácil encontrar
una pistola que un pollo" nos decía haciendo honor al corrosivo
humor argentino. Y uno no sabía si bromeaba o no. Pero cuando
lees en los recientes estudios hechos entre la población de
la provincia de Buenos Aires que en sólo un mes la cantidad
de personas que dice estar dispuesta a comprarse un arma para
defenderse subió del 32 por ciento al 45 por ciento. Cuando
además seis de cada diez ciudadanos piensa que hay policías
en ciertas bandas implicadas en asesinatos. Y que el 80 por
ciento asegura no sentirse protegido por la policía bonaerense,
esto no puede leerse más que de una manera. La mecha está
encendida y sólo es cuestión de tiempo. Además, este clima
espoleado por las ideologías más reaccionarias ha provocado
que la inmensa mayoría de esta provincia, que es muy representativa
del país, esté a favor de la pena de muerte. En el mes de
julio el 54 por ciento de los entrevistados decía que la principal
razón de la inseguridad es el aumento de la pobreza, pero
en agosto la corrupción policial pasó a ocupar ese primer
lugar. Estos cambios tan rápidos en el estado de opinión de
las masas no son secundarios y reflejan un avance o diferentes
ángulos en la percepción de la causa de los problemas.
Claro que en el fondo de todo el problema está
la desigualdad que causa el sistema capitalista. Eso lo sabe
todo el mundo. Por supuesto que el papel del imperialismo
sigue siendo nefasto y nos empuja a una mayor expropiación
de las conquistas sociales. El nivel de extranjerización de
la economía argentina se ve claramente en el dato de que de
las 500 principales empresas del país 314 son extranjeras,
y que ellas se apropiaron del 89 por ciento de las ganancias
totales de ese grupo de élite. Con eso está dicho todo. Pero
el problema no se puede enfocar de una manera simplista. Lo
primero que hay que reconocer es que todos los partidos y
grupos políticos que plantean una salida hacia el socialismo
o al menos a un capitalismo mas "eficiente" y "humanitario",
si es que se puede hablar de eso, han fracasado hasta ahora
en construir una alternativa política organizada con capacidad
para dar la batalla en serio. El estallido de diciembre vino
a despertarlos a todos. El mismo Luis Zamora, un abogado muy
conocido por su defensa de casos de desaparecidos y líder
histórico del Movimiento Al Socialismo (MAS) desde su formación
a la salida de la dictadura, había quedado reducido a un pequeño
grupo que tuvo dificultades para formar candidatura para las
elecciones de octubre del año pasado. Hoy la escasez de auténticos
líderes del movimiento obrero han vuelto a dar una oportunidad
a este político cuyo principal mérito no fue otro que el haber
sido una persona honrada, que cuando dejó de ser diputado
volvió a ganarse la vida con su trabajo y que todo el mundo
lo veía viajando en subte (metro) mientras la mayoría de los
políticos se enriquecía sin asco. Hoy Zamora es un referente
sobre todo de sectores radicalizados de la clase media, aunque
hay trabajadores que muestran simpatía por él.
El gran problema es que el retraso de los dirigentes
políticos en relación a la velocidad de la crisis aumenta
la dificultad de las tareas. La desesperación del hambre no
ayuda a la reflexión y quienes tienen esta responsabilidad
todavía no logran unificar posturas en torno a un programa.
Hay elecciones para marzo del 2003 y aún no se vislumbra una
propuesta opositora con serias posibilidades de ganar eso
sin entrar en el problema del programa de gobierno.
Dos de cada tres argentinos no creen en ningún
dirigente aunque siete de cada diez estarían dispuestos a
cambios drásticos, pero el apoyo de esos siete se divide entre
candidatos tan dispares como Zamora, Carrió, Menem o Rodríguez
Saa. Esta falta de credibilidad de los políticos está totalmente
justificada pero su contracara es que hace muy difícil organizar
alternativas. Todo indica que el proceso va a ser largo y
complejo. La batalla por una sociedad nueva en Argentina se
enfrenta a enemigos experimentados en la represión de movimientos
sociales, a un Estado dominado por las mafias y a un proceso
de descomposición social muy acelerado que obliga literalmente
a una lucha por el día a día. Las clases medias están arruinadas
y venden sus electrodomésticos para hacer frente a los gastos.
La clase obrera no tiene nada que vender. Es una situación
que no se parece en nada a lo vivido antes por nadie. Como
siempre en situaciones límite aparecen los profetas de derecha
e izquierda con soluciones mágicas y recetas que prometen
salvar el país.
La clase trabajadora y los sectores empobrecidos
están obligados a generar una propuesta política que sea capaz
de organizar y arrastrar a las mayorías con algo más que una
consigna como el que se vayan todos. Esa consigna es un comienzo
y no malo para resolver las cosas. Pero la esencia de esta
crisis es que ante lo viejo que muere lo nuevo tarda en aparecer.
Y en el mientras tanto están sucediendo todo tipo de atrocidades.
Al lado de Argentina aparecen las crisis de
Brasil, Urugay, Perú, y todo el continente se mueve hacia
una gran crisis de dimensiones históricas. La probable victoria
de Lula en Brasil con el Partido de los Trabajadores son un
elemento que influirían, en cualquier caso, en el proceso
latinoamericano.
Hay muchas lecciones para extraer del caso argentino
para el movimiento obrero en otros países. Debatir y ayudar
al éxito de la lucha en Argentina es contribuir a nuestra
propia lucha. Venimos de un período lleno de dificultades
para el desarrollo de las ideas socialistas en todo el mundo.
Pero el fracaso y el horror del capitalismo en estos países
debe llevarnos a algo mas que a un sentimiento de pena para
con aquellos trabajadores y pueblos. Hace poco más de un año
en Argentina pocos pensaban que hoy estarían vendiendo sus
neveras para comer, o sus casas para emigrar. En la vida bajo
el capitalismo cuando te crees lo que tus explotadores te
cuentan tarde o temprano lo pagas. Pero lo que ha distinguido
y distingue a los trabajadores y el pueblo argentino es que
una vez que toman el camino de la lucha lo llevan hasta las
últimas consecuencias. De eso nadie puede dudar. Los hijos
de la combativa generación de los 70 está recogiendo el testigo
de la lucha. Todos miramos a la Argentina con preocupación
y buenos deseos. Pero eso no es suficiente. Que cada socialista,
que cada joven consciente de que aquí tampoco tiene futuro,
tome la decisión de colaborar del mejor modo a la lucha por
el socialismo en Argentina.
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